domingo, 9 de diciembre de 2012

La Dama Blanca


Dos hojas de tono anaranjado, empapadas en agua.

El agua de esas hojas cae sobre un pozo, profundo y oscuro y al final del pozo, una dama bajo un paraguas.  Aparta el paraguas y recoge las gotas con su dedo índice, las coloca suavemente sobre sus finos labios y con su lengua las saborea, siente su liquidez, su frialdad y el cómo se desintegran entre sus dientes.

Las luces de las estrellas descienden  e iluminan a la joven, haciendo relampaguear su cabello negro y lacio, dejando su desnudez a la vista del Universo. Sus ojos miran hacia el cielo, pidiendo la atención de los dioses y con una sonrisa infantil comienza a escalar el pozo, con cuidado, con imperiosa suavidad, dando saltos paranormales, como si fuera vampiro. Vuela de pared en pared, de ladrillo en ladrillo y finalmente sale y respira hondo, aspirando el aire primaveral y dejando que el viento arrope y amolde su pelo largo.

Camina bajo las sombras de los árboles, buscando refugio. Consigue llegar hasta un lago solitario, bañado en aguas cristalinas y que refleja ya los colores de la luna llena. La joven, desnuda, se introduce en el lago, dejando que el agua helada recorra sus extremidades.

Un unicornio, cabalgando en prados lejanos, siente el aroma de su cuello y, cambiando de rumbo, ilustra a los bosques y animales nocturnos su hermoso pelaje. Llega hasta el lago. Se acerca a la orilla y percibe a lo lejos a la joven, bañándose en aguas frescas.

De pronto, no hay nada más que silencio.

Con sigilo, un hada nocturna comienza a cantar sus mejores arias de ópera.

Los ángeles, en los cielos, sentados sobre las nubes, babean ante la belleza de la humana y ante el volumen de sus pechos.

Las puertas de los cielos, abiertas de par en par, dejan a los hijos de Cupido lanzar sus besos de amor y su semen sobre el aura de la dama, que comienza a danzar con dulzura sus brazos, rodeados de brazaletes de plata, sonriendo a la naturaleza y a la exquisitez de su cuerpo. El Dios que todo lo ve, se resiste a la tentación, aguardando en su trono para perdonar los pecados de sus hijos.

Un carruaje con dragones de fuego se acerca desde la infinitud de los cielos, con un joven de larga melena y ropaje guerrero. Su sonrisa malévola y varonil asusta a la dama, quien intenta cubrir su desnudez, bajo el agua. El joven toca tierra firme y con una espada aparta al unicornio de entre sus ojos, descendiendo las frías aguas hasta unirse con la joven, estremeciéndose ante el contacto de sus cuerpos y agarrando con fuerza su cabello, estrechándola contra él y penetrando su miembro entre los labios de su vagina. Con fuerza, se aferra a ella, haciéndola gemir de placer y locura sexual.

Juntos, se hunden en abrazos y caricias, hasta el amanecer.

No hay comentarios: